lunes, 20 de enero de 2014

BERNARDO ESTEPA LLAURENS

(1929 – 2014)


Profesor de primaria, flamencólogo.


Se nos ha ido don Bernardo, otro puntal de la Andújar eterna, de aquella que algunos añoramos porque evoca una ciudad de paredes encaladas, calles pedregosas y balcones henchidos de verbenas y gitanillas. Todo lo típica que se quiera, pero con un encanto sin igual. También una Andújar con gañanes y señoritos, con esa fatuidad que criticó Machado (Antonio), pero con el sortilegio del enamoramiento a la luz de la luna y el vapor de la manzanilla penetrando con regusto en el gaznate y en el alma que cantara el otro Machado (Manuel).

Pero no nos desviemos. O quizás, no lo estamos haciendo. Lo que ocurre es que me resulta difícil glosar la figura de Bernardo Estepa Llaurens fallecido apenas unos días (el cuatro de enero, para ser más exactos), y olvidar a aquel señor tan serio e importante que presidía muchas de las conferencias impartidas en el hoy salón de actos “Juan Machado Grima” (otro Machado, este, de alguna forma, más nuestro) y que, un buen día, sin conocerme de nada, me saludó y me invitó a seguir acudiendo a la casa de cultura para oír a Enrique Gómez, a Juan Vicente Córcoles, a José Domínguez..., a todos aquellos que me incitaron a conocer más y mejor a Andújar. Me emocionó, todo hay que decirlo, que don Bernardo, el maestro, el amante del flamenco, el romero, el concejal, saludara a este chaval de la calle Colladas. Después, el destino me hizo trabar cierta relación con él y degustar su habla reposada y sus conocimientos sobre la ciudad que a los dos nos cobijaba... con sus luces y sus sombras.

Escribía hace unos días en el Ideal Alfredo Ybarra lo siguiente: “La historia de los pueblos se acuña con la vida de sus personajes, especialmente de algunos que son los que mueven timón y manejan aparejo en su  travesía en el tiempo”. Palabras elocuentes referidas a nuestro biografiado, a alguien que ha conformado en silencio y sin estridencias buena parte de lo que hoy es Andújar. 


Tomado de: Mirando al santuario.

Nació un 13 de febrero de 1929, en el seno de una familia que no necesita presentación, familia que se vio abocada a la supervivencia cuando los avatares de la posguerra se cebó con ella, pero que salió a flote gracias al coraje de su madre. Tiempo habrá, más adelante, de glosar la vida y obra de otros miembros de esta progenie que destacó en la enseñanza, el compromiso político y la religión. Cursó estudios de Magisterio en León, cuyo título obtuvo en 1947, aunque ya antes se había iniciado en el oficio de enseñante, merced a la escuela que regentaba su familia. Tras aprobar la oposición a maestro nacional, su primer destino fue Bélmez, en Córdoba. Solicitó excedencia de su plaza y volvió a ingresar en 1965, en el colegio “Capitán Cortés” de Andújar. Al año siguiente lo envían a La Quintería y durante otros cinco años lo tenemos en la escuela de Llanos del Sotillo. En 1972 vuelve a Andújar, al “Capitán Cortés” de niños que con posterioridad recibiría la denominación de Francisco Estepa (su hermano). Desde que reingresó en 1965, cerró el Colegio privado de la familia que se llamaba “San José de la Montaña”, y mantuvo la academia para alumnos de Bachillerato.

Otra faceta suya fue la de la vida política, en la que se inició en 1979, al ser elegido concejal por la lista de U.C.D. al ayuntamiento de Andújar. Recordaba Bernardo aquella experiencia con gran placer, ya que se trató del primer consistorio democrático de la historia reciente de nuestro país, y las tareas municipales se repartieron entre los distintos concejales, sin tener muy en cuenta la filiación política de cada uno. Algo impensable en la actualidad, por supuesto. En 1983, al terminar la legislatura, también terminó su andadura por la política local.

Se dedicó, sobre todo, con pasión, al flamenco, siendo cofundador de la peña de Andújar (“Los Romeros”) y presidente honorario de la misma. Desde la peña dio impulso a varios festivales flamencos: “Primavera flamenca”, “Gazpacho flamenco”, “Pregón flamenco de Navidad”, “Semana de estudios flamencos”, “Misa flamenca en el santuario” (siendo puntual cronista de este acto en el correspondiente número de Mirando al santuario). Fue defensor a ultranza de los cantaores locales y aún lo recuerda un servidor acudiendo con “El Sillero” a uno de los balcones de la calle Ollerías para se dejaran sentir unas saetas en la salida de las Angustias. En 1994, su peña le dedicó un sentido homenaje, el 18 de junio, con la intervención, entre otros, de Carmen de la Jara, Andrés Lozano y “El Pecas”. 

Misa flamenca en el santuario (año 2000).
Tomado de: Mirando al santuario.

 

Cuando por motivos de edad y salud tuvo que desplazarse a San Fernando (ciudad en la que ha fallecido) allí siguió su pasión por el flamenco, al contactar con las peñas de la zona y formar parte, incluso, de jurados como el del VII concurso nacional “Memorial Camarón” que ganó Esteban Guerrero “Caracolillo”.

Don Bernardo también destacaba por su imponderable hacia la Morenita. Para conocer al detalle su vertiente romera, es de obligada lectura el artículo publicado por Enrique Gómez en Mirando al santuario, donde apunta el cronista de la ciudad que Bernardo, además de ser recordado por esa estampa suya subiendo en mulo los sábados de romería, llegó a ser vicesecretario de la Cofradía y Maese de Paje, amén de cofundador de los caballeros servidores. 

Tomado de: Mirando al santuario.
 

Su verbo suelto y acariciador se dejó sentir en el pregón de las fiestas de la Virgen de la Cabeza de Rute de 1991 y en las cruces de mayo de 1992. Nos ha legado, además, artículos en publicaciones como El Nuevo Guadalquivir, diario Jaén, Candil, El Olivo, Mirando al santuario..., y el trabajo de investigación “La devoción a la Virgen de la Cabeza en la poesía popular”, inserto en las Actas de la III asamblea de estudios marianos (1987).

Estuvo casado con Isabel Córcoles Aldehuela, de cuyo matrimonio nacieron cuatro hijos. Como recordaba el periodista que glosaba su vida en el Ideal digital de hace unos días, el próximo 31 de enero se celebrará en la iglesia de Santa María un funeral flamenco que será el mejor de los homenajes que se le pueda dar: a la vera de su primera residencia, en la calle Alférez Moreno; junto a la Virgen de la Cabeza, orlada con la pintura de su amigo Luis Aldehuela; frontero al colegio que lleva el nombre de su hermano y donde él mismo impartió docencia; orando a Dios por su alma al son del cante jondo que tanto amó...


Quiero agradecer a su hijo, Vicente, que me ha proporcionado valiosos datos biográficos, y a Pilar, su hermana y amiga mía, que ha servido de vínculo entre ambos.


FUENTES:

CABALLERO VENZALÁ, Manuel; Diccionario bio-bibliográfico del Santo Reino, Jaén, Diputación provincial, 1989. Tomo III.

GÓMEZ MARTÍNEZ, Enrique; “Galería de personajes romeros: Bernardo Estepa Llaurens”, Mirando al santuario, 12, (1998), 14-15.

VALERA ESPINOSA, Rafael; “Homenaje a Bernardo Estepa”, Jaén, 03.07.1994; pág. 50/XIV.

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